CARTA DEL DIRECTOR EJECUTIVO

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CARTA DEL DIRECTOR EJECUTIVO

POR: JORGE ARTURO GÁNDARA GABORIT, ABRIL 2018

La Fundación para el Desarrollo Integral de Programas Socioeconómicos -FUNDAP- opera desde hace más de 30 años en el sur occidente de Guatemala, promoviendo diferentes acciones a favor de la población primordialmente rural. En este recorrido hemos aprendido diferentes lecciones; una de ellas es que el fomento al desarrollo no es posible si existen condiciones externas que limiten o coarten la autonomía, libertad y creatividad, tanto de la institución promotora de la acción, como de la población receptora de la misma.

Aunque el concepto de “desarrollo humano” puede ser muy extenso, se podría decir que comprende la construcción progresiva y constante de un entorno, favoreciendo que cada persona pueda desarrollar su potencial al máximo, implementar acciones de acuerdo a sus intereses y necesidades para vivir una vida digna, fomentar el crecimiento de otros, y conservar y mejorar el hábitat donde se desenvuelve, es decir, ayudar a las personas a crecer con dignidad.

En esa tarea de construcción progresiva y constante se requiere del esfuerzo y colaboración de muchos actores, quienes con un mismo objetivo aporten desinteresadamente sus capacidades en beneficio del bien común. Sin embargo, cuando ese aporte incluye condiciones que van más allá de la ética y el profesionalismo exigente, la tarea del desarrollo se corrompe y no es posible.

La valoración profunda de las entidades locales, el reconocimiento de su experiencia y comprensión de la realidad de su entorno, el respeto a su filosofía de trabajo y el trato igualitario, son aspectos fundamentales que construyen confianza, dinamismo y capacidad de trabajo creativo a favor de los más necesitados. Si no hay respeto a las instituciones, tampoco lo habrá a sus beneficiarios.

Condiciones de tipo ideológico, religioso, político, social o económico limitan la participación auténtica de una población ya fragmentada por su historia y por polarizaciones innecesarias, cuando el desarrollo integral es un derecho inalienable de toda persona, independientemente del lugar donde viva, su cultura y el cúmulo de creencias que tenga.

En la cadena del desarrollo es imperativo el reconocimiento del otro como igual, el respeto a las diferencias y la capacidad de ver juntos hacia la misma dirección, aspectos que valoramos en cada uno de los socios que caminan junto a nosotros en esta gran aventura de propiciar el crecimiento sostenible de la región.

Jorge Gándara Gaborit
Quetzaltenango, 7 de Abril, 2018