Desde siempre, nuestra vida estuvo marcada por la necesidad de migrar durante la temporada de corte de café hacia el estado de Chiapas, México. Era la única forma de generar ingresos y sostener a nuestras familias. Como agricultores de esta comunidad, no tuvimos acceso a estudios ni a una profesión; aprendimos desde pequeños a ganarnos el pan de cada día con el sudor de nuestra frente.
Nuestro conocimiento sobre el trabajo de la tierra era limitado. Cuando los cultivos enfermaban, simplemente aceptábamos las pérdidas, sin saber cómo enfrentarlas. Dependíamos de lo poco que lográbamos producir y de lo que conseguíamos fuera, incluso de alimentos básicos que, debido a la lejanía y a las malas condiciones de los caminos, eran difíciles de obtener.
Sin embargo, todo empezó a cambiar hace un año, cuando la Fundación llegó a nuestra comunidad. A través del acompañamiento técnico y la capacitación constante, comenzamos a adquirir nuevos conocimientos que transformaron nuestra forma de trabajar. Aprendimos a elaborar abonos naturales y a mejorar nuestros cultivos, especialmente el tomate, un producto que en esta zona nunca se había cultivado y que antes era difícil de conseguir. Hoy lo tenemos al alcance, y eso tiene un valor enorme para nosotros. Cada aprendizaje se convirtió en una experiencia valiosa que nos fue fortaleciendo.
Hoy, un año después de la implementación del proyecto, el cambio ha sido significativo. Ya no es necesario migrar; ahora trabajo junto a mi familia en algo que nos pertenece. Nuestra alimentación también ha mejorado, porque producimos nuestros propios alimentos.
Logré cosechar 23 quintales de tomate, y lo más importante es que no fue necesario trasladarlos hasta la cabecera municipal para venderlos. Fueron nuestros propios vecinos quienes consumieron el producto, beneficiándose también de su calidad. Con las ganancias obtenidas, invertí en un nuevo macro túnel, con la visión de seguir produciendo y ofrecer mayor variedad a mi comunidad.
El conocimiento ha marcado la diferencia. Antes no sabíamos cómo cuidar nuestros cultivos; hoy, utilizando recursos locales, podemos prevenir y solucionar problemas sin necesidad de adquirir insumos externos. Nuestro trabajo ha evolucionado tanto que incluso otras personas de la comunidad se acercan, preguntan y se interesan por aprender.
Pero más allá de lo productivo, el cambio más grande ha sido en mi vida personal. Me siento feliz de tener a mi familia unida, de trabajar juntos y de no tener que separarnos para buscar sustento. Hoy tengo más tranquilidad, porque sé que puedo llevar alimentos a mi mesa y cubrir las necesidades de mi hogar. Mi calidad de vida ha mejorado.
Antes viajaba a Chiapas a cortar café; hoy sueño con regresar, pero no como jornalero, sino como productor. Quiero llegar y decir con orgullo: “Tengo productos de buena calidad que vengo a ofrecer”.
A quienes están emprendiendo, quiero decirles que no se desanimen. Que se esfuercen y crean en lo que hacen, porque en nuestro país, trabajando con dedicación, sí es posible salir adelante.

